“Si vivir es un crimen por odio, pues que así sea” dice el primer verso de un poema, un Poemita enfermo , de John Ashbery, dentro de su libro Chinese Whispers (que alude al conocido juego de distorsión de un mensaje que va pasando de unos a otros, y que en mi infancia llamábamos El teléfono). Solemos asociar los crímenes por odio con asesinatos colectivos y con la Solución Final, el Holocausto; o bien con aquellos relacionados con discriminaciones de cualquier tipo, sea raza, género, opción sexual, etc. Situados en un plano de excepcionalidad moral, difícilmente vemos en ellos ninguna característica que los haga próximos a nuestra realidad cotidiana, los rechazamos como ajenos a nuestra vida de criaturas humanas. Inhumanos, es el adjetivo más frecuente. Cito a Ashbery precisamente porque su verso, y su poema resitúan la cuestión: ¿no se trata, al fin y al cabo, de una condición de nuestra humanidad que nos negamos a ver?
En los versos siguientes, Dios...
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